¿A qué suena tu Navidad?

SONIDO NAVIDAD

En la radio, en las tiendas, en los centros comerciales… por todas partes suenan los clásicos villancicos. Esa musiquita invocadora de recuerdos que tenemos metida en la cabeza y que, cuando menos nos lo esperamos, la entonamos, dejándonos llevar por el sonido de la navidad.

Y, sin embargo, no somos capaces de detenernos y escuchar…Sí, escuchar el sonido de nuestro corazón, el que viene de nuestro interior. Es la mejor música. Nos cuenta cómo estamos en cada momento. El nuestro late, late rápido. Tantas cosas por hacer… tantos planes para este tiempo que viene… Quizás viajemos, veremos nuevos sitios. Quizás veremos a algunas personitas de nuestra vida que durante el resto del año están lejos.

Todo ello conlleva multitud de decisiones que tomar, con la consiguiente inquietud: ¿cuál será nuestro destino?, ¿qué llevaré en mi maleta?, ¿me llevo el iPad? , ¿me compro un pijama nuevo?, ¿he metido la ropa para Noche Vieja?, ¿me falta algún regalo? ¡Espero que no se me olvide ninguno como aquel año que dejé a mi cuñada sin el suyo!

Pero, ¿qué está pasando? solo pensamos en lo fatuo, en las apariencias, dejándonos llevar por la vorágine que nos empuja y no nos deja ni un minuto de silencio. En unos días  lo habremos olvidado todo. Incluso aquello que estrenamos con tanta ilusión. Y, de repente, recordamos aquel amigo que quiso quedar y no tuvimos tiempo para él …

¡Shhhh…! ¿Lo estás escuchando…? 

Quizás se nos está pasando algo por alto. Y ese “algo ” es muy PODEROSO. Que solo depende de  ti, de tus pensamientos, de tu actitud. De escuchar el latido de tu corazón y de escuchar el latido del corazón de los que tienes a tu alrededor. Desde el corazoncito acelerado de la infancia, al latido lento de los ancianos, quizás ya un poco cansados. Quizás… todo consiste en crear tu propia música, tu sonido de la navidad. Ese que solo puede salir de tu interior. Ese que fluye cuando te planteas lo que quieres compartir  y aquello con lo que quieres quedarte de  cada uno de los que te acompañan. Quizás así sean unas navidades con un sonido diferente, alegre, esperanzador… Viviendo cada momento plenamente.

¿Y si cada uno reflexionamos acerca de esto? Busquemos el sentido que solo nosotros mismos queremos darle a la Navidad y que nos permita vivirla como realmente deseamos. Pensemos entonces, en cuáles son las pequeñas cosas importantes para nosotros.

Te proponemos un sencillo juego: ¡canta!, canta villancicos, canta lo que sea. .. con tus amigos, con tu pareja, con tus hijos. Ábrete  a nuevas experiencias, canta en voz alta; ¡escúchate! Descubrirás muchas cosas sobre ti, una versión de ti mismo que ni siquiera tú conocías. Te dará energía. ¡Haz la prueba! Y si se pone a llover… ¡pues que llueva!

¿Te animas a unas navidades distintas, en las que tu mejor regalo seas  mismo. Para ayudaros a reflexionar os dejamos este maravilloso cuento. ¡FELIZ NAVIDAD!

CANTAR
Fuente: Pinterest

CUENTO DE NAVIDAD. Jorge Bucay.

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos.  Juan, el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.  


Al acercarse la Navidad el padre había comprado un rollo de cinco metros de papel metalizado para poder envolver los regalos antes de ponerlos en el modesto arbolito, armado desde principios de diciembre en la entrada de la casa.  El 23 en la noche, el 
hombre se decidió a empaquetar los regalos, más simbólicos que valiosos, para Nochebuena.  Qué desagradable sorpresa fue encontrar en el estante del ropero, el tubo de cartón donde venía enrollado el papel metalizado, desnudo de los cinco metros del costosísimo papel de envoltura. 


El dinero era bastante escaso en la familia y posiblemente por eso, a pesar de lo avanzado de la hora, el señor explotó de furia y mandó a llamar a su familia para ver quién había utilizado el papel que él compro para los regalos.  La pequeña Priscila apareció con la cabeza gacha para decirle a su padre que ella lo había usado.  

-¿Pero no te das cuenta que ese papel es muy caro y que tu papá tuvo que trabajar varios días para comprarlo?; ¿Podrías decirme para qué tontería usaste el papel metalizado?    

La niña salió corriendo y regresó con un paquete del tamaño de una caja de zapatos, envuelta con varias capas del costoso papel, ahora arrugado e inutilizable.  

-¿No te dijo tu madre que no debes tocar las cosas de los mayores para tus juegos? ¿Cómo se te ocurre envolver esa caja con cinco metros de papel dorado?  

-Es un regalo de Navidad, papá- dijo Priscila- para el arbolito.  

-¿Y se puede saber para quien es este regalo tan valioso como para usar todo el rollo de papel en envolverlo?  

– ¿Y para quien va a ser?, para vos, papá.  

El hombre se enterneció y abrazándola le pidió disculpas por los gritos. Como nos sucede a todos, con el regalo en las manos quiso saber qué contenía y le pidió a la pequeña permiso para abrirlo.  Poco después el hombre volvía a explotar: 

-Cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro. ¿Usaste ese papel para envolver una caja vacía?  

A la pequeña se le llenaron de lágrimas los ojos y dijo:  

-Es que la caja no está vacía, papá, yo soplé adentro cincuenta y ocho besos para vos.  

El padre alzó a la niña y le suplicó que perdonara su ceguera y su ignorancia. Dicen que el hombre guardó para siempre la caja debajo de su cama y que siempre que se sentía derrumbado, abría la caja y tomaba de ella un beso de su hija. Esto lo ayudaba a recuperar la conciencia de lo que era importante y de lo que sólo eran tonterías”.

 

 

 

 

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