¿Qué factores psicológicos se esconden tras las Rebajas?

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Algunas personas disfrutan enormemente al comprar en rebajas y rebuscar entre montones de ropa de dudosa procedencia en tiendas abarrotadas de gente. Otras, sin embargo, ni siquiera se acuerdan de que las rebajas existen.

Y es que realmente son muchas las emociones que se disparan a la hora de ir de compras: ¿cuáles son los factores psicológicos que empujan a tantas personas a esa búsqueda de la “ganga” del año?

  • En primer lugar, la necesidad: sentimos que necesitamos algo para completar nuestra felicidad. Y como hemos de esperar a que lo rebajen, nuestro grado de estrés y ansiedad están disparados. Cuando tenemos estrés, compramos más compulsivamente.
  • La pertenencia: va directo a nuestro ego generando en nosotros un alto grado de competitividad. Pertenecemos a un supuesto grupo de referencia si tenemos y si compramos una determinada marca. Si además, la conseguimos a un precio deseable y adecuado a nuestro estatus económico, habremos triunfado socialmente. Sentiremos que pertenecemos a un roll social diferente al nuestro, con el que compartimos gustos y cuya posesión de determinados objetos nos enraízan, directamente, al colectivo  social al que nos gustaría pertenecer. Si a todo esto le añadimos la satisfacción de haberlo conseguido barato,  el triunfo social será completo.
  • El estatus aspiracional: el poseer objetos y, sobre todo, moda, nos acerca a esa imagen mental de lo que nos gustaría ser o tener, y a qué nivel social nos gustaría pertenecer.
  • El factor cultural:  no olvidemos la presión mediática y publicitaria a la que nos vemos sometidos a diario, con cientos de estímulos que nos hacen pensar, erróneamente, que seremos más felices, más guapos o ligaremos más, si compramos o poseemos determinadas marcas u objetos.

Nos venden la idea de que si mucha gente lo hace, es que es bueno.  De aquí salen eslóganes como el famoso “yo no soy tonto”.

  • El afectivo: a veces cubrimos con estas compras emociones y sentimientos  a los que no nos queremos enfrentar, como puede ser   la soledad o la baja autoestima. Intentamos llenar estos vacios con objetos que en el momento de su compra nos hacen sentir bien. Aunque, en realidad, ese vacio vuelve a ser inminente, cayendo en un círculo cerrado del que a veces es difícil salir,  pudiendo llegar a convertirse en una patología.
  • Lo nuevo: la tecnología nos ayuda a mejorar nuestra vida, así como la comodidad y las innumerable ventajas que nos ofrece. En los últimos años se ha convertido, prácticamente, en una necesidad básica, que nos  hace  creer que pertenecemos a unos grupos sociales a los que estar permanentemente en contacto, contando todo lo que hacemos y haciendo pública nuestra vida en las redes sociales. De esta manera, creamos un tándem perfecto: “todo lo nuevo vende”.

“Creamos unas nuevas necesidades que tenemos que complacer”

Todo esto hace que al final llenemos nuestros hogares de miles de objetos que realmente no necesitamos y que, una vez conseguidos a precio reducido, seguramente se queden aparcados y olvidados en algún rincón.

Estos desequilibrios emocionales no pasan desapercibidos por las grandes estrategias de marketing, que los utilizan para sus propósitos anulando, muchas veces, nuestro sentido común y nuestro poder de toma de decisiones.

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Tras muchos estudios neurobiólogos realizados sobre el consumo, está comprobado que cuando vemos una supuesta ganga, se activa en nuestro cerebro la zona del placer . Mientras que, cuando el precio no nos encaja, se activa la zona del dolor.

Así pues, un precio rebajado de un producto que nos ha generado cierto deseo de posesión, nos provocará emociones satisfactoriasAdemás, estos precios “especiales” suelen darse exclusivamente en ocasiones puntuales y breves,  haciendo que se acorten los tiempos de reflexión  en la toma de decisiones. Y todo ello junto, está claramente provocando cierto caos incontrolable en nuestra cabeza, haciendo que esta conducta se repita una y otra vez.

Unido a la presión social con eslóganes como “¡no te las puedes perder!”, o el miedo a desaprovechar una oportunidad  “claramente  buena para ti y para tu entorno social”, hace que psicológicamente seamos francamente vulnerables y estemos predispuestos y motivados para la adquisición de todo tipo de productos, sin los cuales podíamos vivir hace una semana.

Los psicoterapeutas afirman que las personas son más proclives a comprar en este estado mental en concreto.  Si encima nos han ido preparando el terreno con “lo que va a venir”, generando expectativas no del todo reales, hacen que cuando estés en la tienda salga tu lado más competitivo y busques donde otros han rebuscado,  e intentes conseguir chollos como si fuera tu único propósito.

En definitiva, pensamos que compramos de una manera racional, pero realmente lo hacemos de una forma impulsiva, llena de emociones e intuiciones. Nuestra voluntad queda anulada debido a toda una amalgama de emociones hasta cierto punto“incontrolables” que nos invade, pero que se nos diluyen cuando llegamos a casa y, finalmente, reflexionamos. 

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