Personas tóxicas: ¿cómo evitar su influencia?

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En Tendenciosas no nos gustan las etiquetas. Sin embargo, a modo de complementar el post anterior, en el que hacíamos una breve introducción sobre las personas tóxicas, os ofrecemos una clasificación para poder identificar fácilmente este tipo de individuos y mantener cierta distancia (si no puede ser física, siempre puede ser emocional).

Como siempre, terminaremos con algunos comentarios que os inviten a reflexionar sobre cómo la mala gestión de nuestras emociones y de las de los otros, nos afectan en la forma de relacionarnos con los demás.

Clasificación de personalidades tóxicas

El Quejica

Se queja por todo e, independientemente de que vayan bien o mal las cosas, vive eternamente enfadado. De mente poco creativa, apenas tiene empatía, sus quejas están por encima de lo que al otro le pase. Nunca están satisfechos y son muy cansinos.

Un consejo: “si algo no te gusta, no te quejes, cámbialo”

El agresivo físico o verbal

Ejercen su poder y frustración a base de gritos, malos tratos, humillaciones verbales… Suelen ser personas inseguras y desmotivadoras.

Ejemplos hay miles, de hecho las celebrities están siempre entrando y saliendo de los juzgados… no daremos  ningún nombre…

El que siempre culpabiliza

Están inundados por sentimientos negativos, insatisfechos con su vida.  Si les va bien, es porque son excelentes; si les va mal, es por culpa de alguien. Siempre intentan manipularte.

En este juego estarían los políticos; si te das cuenta, la culpa siempre es de otro.

El perezoso

Suele ser una persona mediocre que se conforma con todo, sin sueños que perseguir y carente de estímulos  motivadores.

En el mundo de la telebasura, por ejemplo, son muchos los famosos mediocres que se conforman con contar sus hazañas, sin ningún tipo de inquietud.

El envidioso

Se siente angustiado siempre por lo que los demás poseen y ellos no. Esto lo sitúa en una queja constante y una insatisfacción permanente, que hace que descalifique siempre al que envidia.

No se libran ni los dioses; Afrodita, a pesar de ser un ser inmortal de gran belleza, tenía envidia de la hermosura de una mujer mortal, Psique, y por eso le pidió a Eros que usara sus flechas doradas para hacer que se enamorase del hombre más feo del mundo.

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Benjamin Lacombe. Blancanieves.

El cotilla

Suele estar más preocupado por lo que hacen los demás que por sus propias acciones y luego cuentan todo lo que han visto, oído o inventado.  Se alimenta de rumores que suelen hacer mucho daño, haciendo partícipe también al que lo escucha y lo difunde.

Aquí ejemplos a miles: desde el supuesto sida de Miguel Bosé, el estallido del pecho de Ana Obregón… pasando por la mermelada de Ricky Martin

El que siempre lleva una máscara:

Suelen creerse superiores, nunca te sonríen, siempre tiene que estar demostrando lo que son para impresionar o sobresalir, nunca son naturales ni están relajados.

Actualmente podríamos enlazarlo directamente con el “postureo”.

El frio y calculador

Su imagen siempre es inventada, no tiene empatía, no aman a nadie, y solo te utilizan para conseguir dinero, sexo o poder. Suelen ofenderse con facilidad y pueden llegar a convertirse en psicópatas.

¡Uyyy…! aquí el ranking es extenso; mejor no hablar… en la ficción, Aníbal Lefter.

El endiosado

Su exceso de orgullo les hace casi perfectos, no aceptan las críticas ni admite que alguien los contradiga. Su amor propio está por encima de todo y todos.

Os recomendaríamos leer orgullo y prejuicio o, en su defecto, ver la peli.

El neurótico

Buscan siempre que cambien los demás, pero ellos no suelen cambiar; necesitan ser aceptados, tener poder, llamar la atención. Dicen ser muy perfeccionistas o eso creen.  Suelen ser egoístas e infantiles y hace de su neurosis el centro de su vida.

Es uno de los personajes típicos de Wody Allen, quien lo representa a la perfección.

El autoritario

Sobre todo se da en el perfil de “jefe”, cada día abundan más:

Siempre necesitan tener el control de todo lo que pasa. Son los más peligrosos. Incapaces de decir algo agradable, solo echan la bronca por todo lo que salió mal, y nunca ven lo que salió bien. Demuestran no tener ningún control de sus emociones y lo único que consiguen es el temor de sus empleados.

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Benjamin Lacombe. Sombra y luz. Magia y poesía.

Lo más importante de todo, es no cargar sobre nuestras espaldas con las decisiones de los demás. Cada uno tiene que asumir las consecuencias de sus actos y sí, estamos para ayudar cuando haga falta, pero eso no quiere decir que tengamos que asumir como nuestros los problemas de otros ni, mucho menos, dejar que nos culpabilicen de cosas ajenas a nosotros.

Si no tomamos cierta distancia para reservarnos nuestro propio espacio, dejaremos que las emociones mal gestionadas de otras personas, alteren las nuestras, a la vez que afectarán negativamente a nuestra forma de relacionarnos con los demás. Es un círculo en cadena que debemos interrumpir, para evitar que todo a nuestro alrededor se torne gris.

Es posible que en nuestro entorno familiar o laboral estemos obligados a relacionarnos con gente tóxica; así que lo mejor que podemos hacer es trabajar individualmente en la gestión de nuestras propias emociones, para poder observar las de los demás, desde la empatía y la escucha, pero sin dejar que apaguen nuestra luz interior.

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También es fundamental identificar el más mínimo atisbo de estos comportamientos en nosotros mismos. Las creencias limitantes que la sociedad, nuestro entorno y nuestra familia nos inculca desde pequeños, nos afecta sin que nos demos cuenta y afectan a nuestras relaciones diarias. Tal vez nosotros mismos somos personas tóxicas y no dejamos brillar la luz de los demás. Nunca es tarde para corregir los errores y vivir con plena consciencia, empezando por ser honestos con nosotros mismos, con nuestros sentimientos y tomar el camino que de verdad deseamos.

¿Cuántas veces hemos dejado de escuchar lo que otros nos cuentan por estar sumergidos en nuestros propios “problemas”? Cuándo conversamos con otra persona ¿somos conscientes del efecto que estamos causando sobre ellos?

Quizás has llegado al punto de tu vida en el que toca desaprender. Sí, desaprender todos los factores limitantes y castradores que nos han inculcado y que nosotros mismos hemos ido alimentando. Para poder abrir los ojos y darnos cuenta de que en la vida no todo es blanco o negro, y que realmente somos nosotros los que con nuestros actos y decisiones tenemos un papel fundamental en el camino que tome nuestra vida. Empezando por elegir a las personas con las que te relacionas, y por la forma en la que gestionas tus emociones y las de los demás. De ello hablaremos en próximos post.

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