¿Sabes reconocer tus propias emociones tóxicas?

ira

Cuando estamos inmersos en la rutina diaria, no nos ponemos a pensar en lo que estamos sintiendo y, sin embargo, un control eficaz de nuestras emociones nos ayudarían a ser más felices. Es importante que te pares y observes qué estás sintiendo.

Aquí te vamos a mostrar algunas de ellas para que aprendas a reconocerlas y a saber manejarlas.

Enfado

El enfado por sí solo no es malo, te ayuda a liberar emociones y también te da cierto coraje para enfrentarte a algunas situaciones.

Sin embargo, cuando este enfado es constante y sin motivos y, a veces, se convierte en ira, algo está pasando… Analiza cómo te enfadas, y qué piensas. Si crees que hay alguna otra forma de enfrentarte a aquello que te enoja tanto puedes escribirlo, a veces es liberador.

No estaría mal que recurrieses a algún método de relajación para evitar el arrebato.

 Miedo

El miedo es bueno. Casi siempre nos hace estar alerta, huir de los peligros y avanzar, siempre y cuando se controle.

Ahora bien,  si el miedo a lo que va a suceder en un futuro es una constante en tu vida, tienes un problema que hay que solucionar.

Piensa que el miedo se retroalimenta, mientras más miedo sientes, más miedo tendrás. Es importante que reflexiones sobre el motivo real de tus miedos e intentes plantarle cara.

Todo lo que te genera miedo seguramente tenga una solución, que tú puedes crear y llevar a la acción. Visualizar estas soluciones te ayudará a superar tus miedos.

Apego emocional

Cuando sientes que necesitas tanto a alguien que tu vida depende de ello y que sin esa persona eres incapaz de hacer nada, esto genera en ti una dependencia totalmente tóxica. Esta persona puede llegar a controlar tus sentimientos y emociones, generando miles de inseguridades en ti. Recuerda que solo tú tienes el poder de tomar tus propias decisiones.

Valórate a ti mismo y da prioridad a lo que te gusta hacer y sentir, piensa qué te hace feliz, resuelve tus problemas por ti mismo aun a riesgo de equivocarte. Tus errores son tuyos y los tienes que asumir, reforzando tu autoestima.

Envidia

Es una de las emociones más alarmantes, y que más te desasosiega. Te impide que te alegres por las cosas buenas que le pasan a las personas de tu alrededor, sin mostrar ninguna empatía con ellos. Este sentimiento te producirá una tremenda tristeza y sufrimiento, así como rencor y odio. ¿Quién puede vivir así?

No te compares nunca con los demás. Piensa en todo lo bueno que tienes y eres. La carrera de superación solo debe centrarse en ti mismo, con el objetivo de crecer como persona, de mejorar cada día.

Piensa cuáles son tus sueños y pelea por ellos, no tienen que ser los mismos que los de tus vecinos o parientes, lo que a ellos le hace feliz puede  que a ti no. ¡No todos necesitamos un Ferrari para ser felices!

envidia
Fuente: webviralistas.info

Ansiedad

La ansiedad, ahora tan de moda, es una emoción positiva. Te alerta sobre el peligro, cuando sufres una amenaza o intimidación.

Cuando este estado de ansiedad se convierte en un estado emocional permanente, incluso en momentos de tranquilidad, se va transformando en una emoción tóxica, que te hará vivir con angustia e inquietud todos los instantes de tu día a día, convirtiéndote en un ser débil.

Esto solo tiene una solución: indaga sobre las situaciones o personas que te provocan este desasosiego e intenta analizar el problema. La ansiedad es fácil de controlar, ya que muchas veces nos viene de repente y tan solo basta con racionalizar lo que nos está pasando.

Para tomar el control también es importante aprender a relajase y respirar en profundidad, así como averiguar qué personas tóxicas están a nuestro alrededor. Te recomendamos leer nuestro post sobre personas toxicas.

Recuerda, tú cambias tus pensamientos.

Aburrimiento

El aburrimiento  es el peor mal de nuestros tiempos. Nos han vendido que la vida es constante diversión y generalmente provocada por recursos externos.

No es así. ¡Todo está en tu interior! El aburrimiento nos provoca la procrastinacion tan nombrada últimamente: dejar todo para mañana o no hacerlas directamente. Es el punto más alejado de la acción, ya que entramos en un círculo vicioso, nos aburrimos pero no somos capaces de hacer nada para cambiarlo.

Tenemos que recuperar la curiosidad y la ilusión de cuando éramos niños, y estar aprendiendo cosas nuevas que nos saquen de la rutina, de la pereza… y descubrir cuántas cosas puedes hacer y cuántas te estimulan realmente.

Celos

¿Qué provocan los celos? piénsalo un momento, tus propias inseguridades, el miedo a perder a la persona que amas, la necesidad de controlar a la otra persona. Es una de las emociones más tóxicas y que pueden arruinar completamente una relación sana, que ha de basarse en la confianza. 

La clave es el respeto, sin oprimir ni obligar a nadie a estar contigo. Si no le hace feliz, la persona ha de amar en libertad y no por imposiciones, vengan de donde vengan. Deben disfrutar y compartir la felicidad.

 Culpa tóxica

A veces nos sentimos culpables por algo que hemos hecho. No pasa nada, es una emoción normal. Otra cosa es que nos sintamos culpables por actos que no hemos cometido o circunstancias que no dependen de nuestras decisiones. O que la culpabilidad se convierta en un mal consejero llevándote a hacer cosas en contra de tu propia felicidad, instalándose en nuestra cabeza de un modo obsesivo, que no nos deja actuar libremente.

Quizás si estás seguro de que eres culpable de algo el primer paso sea pedir perdón, y reconocer que te has equivocado, pero no le des más vueltas, perdónate primero a ti mismo. Lo que está claro es que lo sucedido en el pasado ya no tiene solución ni se puede cambiar. Vive el presente y empieza a establecer los parámetro que te hicieron actuar así para, en la medida de lo posible, no repetirlo.

culpa

Te dejamos como siempre un cuento para la reflexión y te invitamos a leer el próximo post con otras tantas emociones toxicas...

El temido enemigo. Un cuento de Jorge Bucay sobre los celos y la envidia.

Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba mucho sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él necesitaba, además, que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como a la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él era el más poderoso del reino. Invariablemente todos le decían lo mismo:
– Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él conoce el futuro.

El rey estaba muy celoso del mago pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí.

No decían lo mismo del rey. Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba y el rey no era justo, ni ecuánime y mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago, o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan: Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago. Después de la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le preguntaría al mago si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama.

El rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta un día cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se había equivocado en su predicción. Se acabarían, en una sola noche, el mago y el mito de sus poderes…

Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto llegó el día del festejo…. …Después de la gran cena, el rey hizo pasar al mago al centro y le preguntó:

– ¿Es cierto que puedes leer el futuro?

– Un poco – dijo el mago.

– ¿Y puedes leer tu propio futuro? – preguntó el rey

– Un poco – dijo el mago.

– Entonces quiero que me des una prueba – dijo el rey ¿Qué día morirás? ¿Cuál es la fecha de tu muerte?

El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.

– ¿Qué pasa mago? – dijo el rey sonriente -¿No lo sabes?… no es cierto que puedes ver el futuro?

– No es eso – dijo el mago – pero lo que sé, no me animo a decírtelo.

-¿Cómo que no te animas? – dijo el rey …Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino saber cuándo perderemos a sus personajes más eminentes… Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?

Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:

-No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey.

Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.

El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago. Lo perdonó. Sí, por conveniencia, pero le perdonó la vida. Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio… Los pensamientos se agolpaban en su cabeza.

Se dio cuenta de que se había equivocado.

Su odio había sido el peor consejero

-Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? – preguntó el invitado.

-Me estoy sintiendo mal – contestó el monarca – voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido. Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones…

El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte ¿Habría leído su mente? La predicción no podía ser cierta. Pero… ¿Y si lo fuera?… Estaba aturdido… Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa.

El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta :

-Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.

-¡Majestad! Será un gran honor, dijo el invitado con una reverencia.

El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y custodiasen su puerta asegurándose de que nada le pasara…

Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si al mago le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado su hora.

Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.

Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta…necesitaba una excusa.

Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.

El rey, casi sin escuchar la respuesta, alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más supuestamente, para “consultarle” otro asunto… (obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara). El mago – que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados – aceptó.

Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.

No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de sus decisiones.

Pasaron los meses y luego los años.

Y como siempre… estar cerca del que sabe vuelve al que no sabe, más sabio.

Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo. Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder.

Empezó a aprender que la humildad también podía tener sus ventajas. Empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa. Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes.

El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar.

El rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos.

Hasta que un día, a más de cuatro años de aquella cena, sin motivo, el rey recordó. Recordó que este hombre, a quien consideraba ahora su mejor amigo, había sido su más odiado enemigo. Recordó aquel plan que alguna vez urdió para matarlo. Y se dio cuenta de que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita.

El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró, le dijo:

-Hermano mío, tengo algo para contarte que me oprime el pecho.

-Dime – dijo el mago – y alivia tu corazón

-Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte frente a cualquier cosa que me dijeras, quería que tu muerte inesperada desmitificara tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban…. Estoy tan avergonzado…

El rey suspiró profundamente y siguió:

-Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigo, hermanos, me aterra pensar todo lo que hubiera perdido si lo hubiera hecho. Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia. Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.

El mago lo miró y le dijo:

-Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo, pero de todas maneras, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y acariciaste con la mano el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta ser adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer.

El mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey

– Como justa devolución a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí… Te confieso que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que recién hoy estás en condiciones de aprender, quizás la más importante cosa que yo te haya enseñado: Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles… y sin embargo, si nos damos tiempo, terminamos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos. Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes.

El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentía en esta relación que habían sabido construir juntos.

Cuenta la leyenda… que misteriosamente, esa misma noche… el mago… murió durante el sueño.

El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente y se sintió desolado. No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en este mundo. Estaba triste por la muerte de su amigo.

¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey le pudiera contar esto al mago justo la noche anterior a su muerte? Tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para poder quitarle su fantasía de morirse un día después. Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos… Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago. Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como sólo se llora ante la pérdida de los seres más queridos.

Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.

Cuenta la leyenda… que esa misma noche… veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey murió en su lecho mientras dormía… quizás de casualidad… quizás de dolor… quizás para confirmar la última enseñanza de su maestro.

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